13 Enero 2012
Me estoy leyendo un libro que se llama "Tus zonas erróneas". Bueno, para ser sincera me estoy leyendo dos libros, y uno de ellos es "The Help" y el otro "Tus zonas erróneas". Este último es, por lo visto, un clásico de la psicología. Lo escribió hace unos cuantos años un americano que seguía casi a rajatabla la doctrina conductualista. Yo soy más partidaria de lo cognitivo- conductual, pero bueno, en general me está gustando bastante lo que estoy leyendo y creo que voy a poder sacar muchas buenas conclusiones y aprendizajes de él.
Hoy quiero comentar por aquí una de las cosas que he leído y que me han parecido muy ciertas.
Uno de los primeros capítulos habla sobre la autoestima, y dicen que la sociedad nos está enviando mensajes continuamente que nos dicen que no somos suficiente, que necesitamos mil cosas para hacernos dignos de que nos quieran, de que nos miren, casi de vivir. Dicho así suena horrible, suena a mentira, suena a exageración.
Mi experiencia personal
Sin embargo yo me levanto todas las mañanas y pienso: (con perdón) "Joder, vaya ojeras. Voy a ponerme el anti ojera para cubrirlas. Y ahora cuando me ponga el anti ojera voy a tener que echarme base para que no se me note que tengo el resto de la piel rojiza. Y ahora casi no se me ven las pestañas". Y así sigo un rato hasta que ya no hay potingue que no tenga puesto en la cara. Y entonces me siento satisfecha. Pero entonces podría mirarme las manos y decir: "Joder, tengo las uñas demasiado cortas, descoloridas, sin pintar". Y cuando hubiera terminado con las uñas pensaría que estoy demasiado gorda y que necesito comer menos, tomar esas pastillas que queman grasa y comprarme toda la equipación de deporte necesaria para ir al gimnasio o a hacer cualquier tipo de ejercicio para quitarme esa odiosa celulitis tan antiestética.
Y el caso es que antes no me ponía el anti ojera para verme "más" guapa o hacía deporte para sentirme "más" sana, ni me pintaba las uñas simplemente porque me apetecía mimarme. Lo hacía porque si no, me sentía horrible. De verdad, he llegado a ir sin pintar por la calle y a bajar la cabeza si alguien me miraba. Cuando me di cuenta de eso, dejé de pintarme tan a menudo, y empecé a hacerlo solamente cuando realmente me apetecía. No quería que las normas sociales me dominaran por completo.
A lo que voy:
La sociedad, mediante la publicidad, el marketing y la comunicación nos dice que no somos lo suficientemente buenos y nos crean la necesidad de comprar quinientos productos que solucionarán todos nuestros problemas. Pero cuando nos compramos esos objetos nos siguen creando otras necesidades. Y la realidad es que no nos podemos meter en una burbuja y taparnos los oídos para no escuchar ni ver nada ni dejar que nadie nos toque. Amigos míos, estamos jodidos.
Yo al leer todo esto me empecé a plantear una cosa: El día de mañana si yo tengo hijos, no quiero que crezcan en medio de un mundo de engaño, de mentiras, de tretas, de mensajes que les digan que están demasiado gordos, flacos, ojerosos, con el pelo graso, que no huelen bien. Quiero que se miren al espejo y se acepten tal y como son y que no crezcan con los complejos con los que he crecido yo. Solamente ahora he empezado a aceptarme tanto por dentro como por fuera. Sí, soy una persona con ojeras. Y qué. Aunque es cierto que voy más cómoda si me he echado los potingues, ahora puedo ir sin maquillar y mirando a la gente a la cara sin problemas. Porque no soy perfecta y eso está bien. Es normal.
Prueba a hacer esto: si te miras durante un rato largo en el espejo, te miras desnud@ durante unos cuantos minutos, de repente las formas de tu cara se empiezan a desdibujar y no eres guapo ni feo, simplemente son formas. Y son formas que cambiarán cada día durante el resto de tu vida. Creo que es importante que la gente empiece a desaprender lo que ha aprendido para no gustarse, y que comience a darse cuenta de que va a pasar toda la vida en compañía de uno mismo, y más vale que se empiece a aceptar tal y como es. Si no, será un poco miserable toda su vida.
¿Revolución?
Por fuera quizá es un poco más fácil que por dentro. Porque también dominan lo que pensamos.
Prueba a hacer otra cosa: durante una semana, compra El Mundo y El País. O El País y el ABC. O Público y La Razón. Me da igual, pero que sea uno de "derechas" y el otro de "izquierdas" (y que conste que no me gustan esas etiquetas). Lee algunos artículos que hablen sobre lo mismo en los dos periódicos. Estoy segura de que ni los datos ni los hechos coincidirán totalmente.
Estamos en un mundo dominado por unos pocos, donde nos meten una serie de ideas y valores en la cabeza, donde nos dicen que no podemos cambiar el mundo porque somos un individuo solo plantado delante del gran monstruo del poder. Seguro que lo has pensado alguna vez. "¿Para qué me voy a rebelar si yo solo no puedo hacer nada?" La política y los políticos nos han dividido en derechas e izquierdas, la sociedad nos divide en negros, blancos y amarillos, la tierra nos divide en españoles, franceses, americanos e italianos, y los idiomas, la riqueza y pobreza, y las zonas donde vivimos dentro de un mismo país también nos dividen. El ser humano tiende a dividirse, en lugar de unirse. Y es que todos los seres humanos unidos, ¿pensáis lo que podríamos hacer? ¿A que acojona?
A los políticos les interesan los nacionalismos, les interesan las rencillas entre comunidades autónomas, entre países y ciudadanos. Porque si toda España estuviera realmente unida y organizada, se podrían hacer cosas como implantar leyes para regular el poder, separar completamente el poder judicial del gobierno y todas las demás medidas que necesita nuestro país en las que no me voy a meter ahora porque si no, no acabo. (Y encima es un tema que me calienta no sabéis de qué manera).
España ha intentado unirse, y de ahí todos los 15 M, 15 J y 15 O. Y ha salido un montón de gente con ganas de luchar, y ha salido un montón de gente que se ha dado cuenta de que quiere formar parte de una comunidad, personas que se han dado cuenta de que, en realidad, no están solos. Hay mucha gente en Madrid, Barcelona, Valencia, Francia, Italia, Inglaterra, etcétera, que quiere lo mismo. Y durante unos meses, se luchó por un objetivo en común.
No os enfurezcáis, pero, al final, ¿De qué ha servido? Vale, para decir que estamos disconformes. Pero es que ha seguido habiendo cuatro, doce, o veinte gilipollas que se han "autonombrado" parte del movimiento y que se han reído de las iniciativas pacíficas y la han ido liando por ahí, y han manchado el 15M. Puede que ellos no sean el 15 M, pero mucha gente así lo cree. Y aún ha faltado mucha gente por unirse a la revolución. Y han acabado por aplacar a la gente, porque continuamente el poder y la política y el resto de personas dicen: no sirve para nada. Están acojonados y nos aplacan.
Y lo peor de todo es que nos dejamos aplacar.
Concluyendo que es gerundio
En definitiva, nos controlan por dentro y nos controlan por fuera. Están continuamente diciendo que no somos suficiente, y que no podemos hacer nada al respecto. A mí os juro que me dan ganas de irme al medio del campo a criar cabras y cultivar lechugas.
Os seguiré contando más del libro y reflexionando sobre distintas cosas... por si alguien se toma la molestia de leerme.
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo
2 Diciembre 2011
Hace mucho tiempo que no me paso por aquí, y no es porque no tuviese nada que contar. En realidad he tenido tanto que decir que me he abrumado y al final no he escrito nada, y cuando me he puesto a escribir, me he desafiado nada más y nada menos que con una novela. Los últimos meses de mi vida han sido de reajuste, subidas, bajadas, cambios, cosas buenas, cosas malas, cosas terribles, cosas maravillosas.
Hoy me he dado cuenta de que el 2011 se acaba. No ha sido uno de los mejores años de mi vida, pero sí uno de los que más me han aportado. Este año he aprendido que la gente no sabe guardar secretos, y que tenemos que tener mucho cuidado con las personas a las que les contamos las cosas. Creo que es cierta la frase de "two can keep a secret if one of them is dead". Este año he aprendido a quererme más a mí misma, y me he dado cuenta de que es el único camino a la felicidad. He entendido que no soy perfecta, y que no lo seré nunca, y que es injusto exigirme a mí misma una perfección que no me permita cometer ciertos errores.
He aprendido a perdonarme y a perdonar a los demás de corazón, a saber cuando no merece la pena arrastrar un enfado más allá de unos minutos y cuando no puedo dar mi brazo a torcer y debo mantenerme firme. He aprendido a hacer las cosas por mi misma, y a saber que yo soy importante. He perdido el miedo a la soledad. Este año me ha enseñado a ser más fuerte e independiente de lo que nunca pensé que llegaría a ser. Este año me ha enseñado, a base de golpes, que no puedo tenerle miedo a todo, que a veces hay que saltar con los ojos cerrados y confiar en que habrá alguien para cogerte.
Este año he soportado más dolor del que pensé que sería capaz de soportar jamás y aún así sigo viva, en pie, y con los puños apretados y preparados para seguir luchando. Hoy me quiero más, hoy sé que nada volverá a ser como antes, porque ya no soy la misma. Este año me ha preparado para ser feliz. Y los primeros meses de enero de 2011, que fueron un verdadero infierno se compensan con estos últimos meses en los que todo es calma, tranquilidad, estabilidad, belleza, amor, ternura, protección, consideración, detalles y sorpresas agradables. Y, ¿Sabéis qué opino? Que me lo merezco. Porque he estado luchando todo un año y mi felicidad actual se debe, no a un golpe de suerte, sino a muchos meses de duro trabajo y superación. Espero el año que viene por estas fechas, pueda sentir que he avanzado tanto como, o incluso más, que este año. Entonces, todo habrá merecido la pena.
También espero que, durante el año que comienza en breve, encuentre la inspiración para iros transmitiendo las cosas que he ido aprendiendo y espero que alguna os sirva tanto como me están sirviendo a mí. Escribirlas, aunque nadie se pase ya por este blog, me hace sentir bien, así que no será en vano.
servido por ma_serendipity
1 comentario
compártelo
7 Abril 2011
El otro día me recomendaron un video que anda por Youtube (bueno, no anda, pero ya me entendéis) y que, por lo visto, está teniendo mucho éxito entre los internautas. Se trata de una conferencia televisada ofrecida por Emilio Duró, un catalán que, como dice él mismo, lleva "veinte años estudiando a las personas que encuentran parking".
Me llamó mucho la atención, porque la tendencia del ser humano es estudiar al que está mal (las facultades de psiquiatría y psicología no dejan de vomitar licenciados o graduados) pero no a aquellos que triunfan. ¿Por qué? ¿Es el ser humano negativo por naturaleza? ¿Por qué nos empeñamos en corregir las cosas que hacemos mal en lugar de hacerlas bien desde un principio? ¿Significa eso que no sabemos vivir?
Emilio Duró sostiene que las personas aprenden por emociones, ya que la memoria no está "situada" en el córtex (la parte "racional" del cerebro, por llamarlo de alguna manera), sino en el cerebro límbico. Repetía varias veces a lo largo del discurso; "hay cien mil avispas que no te pican. Pero tú solo te acuerdas de la que te pica. ¿Por qué? Porque has sentido dolor."
Vaya, pues es cierto. Yo recuerdo a aquella avispa que me picó dos veces, en concreto en el cuello y en la barbilla estando en un campamento de verano. Mi monitor me dijo: "Has tenido mucha suerte. Si te llega a picar medio centímetro más atrás, se te podía haber inflamado la zona y te hubiese impedido respirar". Evidentemente, aquello no lo olvidé, ni he olvidado qué estaba haciendo en ese momento, ni las gafas que llevaba, ni siquiera la ropa. Sin embargo, no puedo hablar de ninguna otra vez que me haya perseguido una avispa que no me picó.
Esto significa que los seres humanos aprendemos por dolor, aprendemos por pasión, aprendemos por felicidad, aprendemos por angustia. Eso explica por qué las personas son capaces de cambiar cuando sufren un impacto emocional grande, ya sea bueno o malo.
El caso es que, si nosotros aprendemos por las emociones, ¿por qué nos regocijamos en las emociones negativas? Si todo es relativo, si todo depende del color con que se mire, ¿por qué casi siempre le ponemos un cristal de color negro o gris?
Creo que es cierto que nada es malo o bueno per se, somos los seres humanos los que lo convertimos en bueno o malo. Como decía Duró, "El ser humano es el único animal capaz de joderse la vida", porque no vemos la vida con positivismo, no le ponemos el cristal color rosa.
Está comprobado: la mayor parte de las preocupaciones que tiene la gente son por cosas que no han pasado y que nunca van a pasar. Hablamos de un 80% de las preocupaciones reales de las personas. Nos empeñamos en inquietarnos por cosas que no pertenecen al presente y que nos impiden ser felices, cosas que no deberían ocupar más de dos minutos en nuestra mente antes de que las desechásemos como tonterías o preocupaciones vanas.
Con esto no quiero decir que nos tengamos que olvidar del futuro y vivir a tope y probarlo todo y al cuerno con la planificación. Dios sabe que yo no podría mandar la planificación al cuerno. No. Para mí el futuro debería ser una meta: un lugar al que tenemos que llegar, un triunfo que queremos conseguir, un punto de llegada que no debemos perder de vista. Pero la mayoría de los obstáculos en el camino nos los ponemos nosotros. Creo que si viviésemos el presente de una manera más intensa, sin preocuparnos tanto por el futuro, simplemente dando todo lo que podemos dar de nosotros mismos, esforzándonos a tope en el momento presente... conseguiremos nuestra meta. Y en el caso improbable de que no lo consigamos, tendremos que tener en cuenta que hay otros factores que no dependen de nosotros que también influyen en nuestra vida y en nuestro destino. Pero no habríamos fracasado.
Duró nos dice que cantemos, que bailemos, que echemos los hombros hacia atrás, porque haciendo eso es imposible que estemos tristes. Que nos motivemos, que nos digamos que todo va a ir bien. Defiende que la mente no distingue entre mentira y verdad, y que, por ello, podemos engañarla introduciendo pensamientos positivos. Asegura que seremos más felices, y que las personas motivadas consiguen más éxitos que las personas que no lo están. Es decir, si un conferenciante afronta la charla pensando que el público le va a aplaudir, que va a colaborar, que va a tener un público atento... Probablemente lo consiga.
Os recomiendo que busquéis el video, aunque intentaré ponerlo más abajo por si queréis echarle un ojo. Es muy largo, dura dos horas, pero creo que merece la pena cada minuto de discurso.
Mientras tanto, me despido como hace él: Seguid locos.
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo
4 Marzo 2011
Estoy buscando algo sobre lo que escribir. Estoy buscando unos personajes que me hagan sentir poderosa. Cuando escribo soy una especie de dios, y todos hacen lo que yo quiero, todos dicen lo que a mi se me antoja. Incluso tengo poder sobre el espacio y el tiempo y el único límite que existe es mi imaginación. Da igual si lo que escribo es realista o no, porque si no lo es hablaríamos de ficción, y si lo es, de realismo. No hay límites. Es la absoluta libertad.
Cuando escribo, no siempre soy justa. Algunos de mis personajes sufren o se mueren, y no se lo merecen. Son simplemente cosas que pasan, como en la vida misma. La vida es dura, y todos pagamos por errores que no cometemos. Pero también mentimos, engañamos, tergiversamos, hacemos cosas de dudosa moralidad y luego, cuando nos hacen lo mismo, ponemos caras de indignación y alzamos los brazos preguntando al cielo - oh dios mío- cómo han podido hacernos esto.
Vamos predicando consejos por la vida y a la hora de la verdad somos tan tontos, tan malos y tan capullos como el resto. La gente dice aquello de "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti" pero olvidan que el dolor es distinto en cada persona. Y como leí en una conocida novela de George Orwell, 1984, del dolor no se puede esperar más que una cosa: que pare. Y el problema es que el miedo también genera dolor, y nos pasamos la vida viviendo con miedo. Con miedo a lo que pasó, con miedo a lo que podría pasar, con miedo a que esa persona haga lo mismo que hizo con la anterior contigo.
Yo vivo obsesionada con la mentira. Leí en alguna parte sobre un estudio, supuestamente científico que hicieron, que las personas mienten una media de doce veces al día. ¡Doce veces! ¡Al día! En lugar de usar neutros, de no contestar, de hacernos los locos, mentimos. Deberíamos tener todos la nariz tan larga como Pinocho en su peor momento. ¿Tan poco nos gusta quienes somos y lo que hacemos que tenemos que mentir sobre ello? ¿Tan poco responsables y consecuentes somos? Me asusta. Me asusta que seamos todos una panda de mentirosos. Me asusta que no nos gustemos a nosotros mismos y que no nos guste lo que hacemos y seguimos haciéndolo. Mis personajes no mienten, no mienten nunca. Meten la pata, se equivocan, pierden lo que quieren, sufren, son desafiados, desafiantes, crueles, apasionados, malos, dudan, se deprimen en exceso... pero no mienten. No entiendo por qué los pecados capitales no son ocho. Tal vez porque seríamos todos demasiado pecadores.
Espido Freire dijo una vez que la vida no es justa, solo es más justa que la muerte. Con respecto a eso, no podemos hacer nada. Bueno, sí; jodernos y aguantarnos.
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo
5 Enero 2011
Longing chanes me. I didn't understand this sentence the first time I read it, but I do now. I was drunk with freedom and didn't remember what it felt to love and be loved. I'd forgotten how it feels to be missing someone all the time that person is elsewhere but where you are. I'd forgotten what fear for losing someone feels like. I couldn't recall all the thinking love comes with, or how confusing it can be. How much trust it needs. All the understanding it requires.
Shit, I liked my freedom. I'd learnt to like asking food for one, I'd learnt to enjoy going to bed alone every night, I had learned to pity all the arguing couples on the streets. I liked to take care of myself. I liked not worrying like this. I liked the fact that I had forgotten what heartache feels like. Heartache like this one I'm having now. Yes, longing chanes me.
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo
19 Diciembre 2010
Hace muchísimo que no escribo, y supongo que eso me hace sentir un poco culpable. Creo que he tenido ideas para escribir, y digo creo, porque siempre me vienen cuando estoy trabajando y no tengo tiempo para escribirlas, o cuando estoy metida en la cama y ya no me apetece levantarme y buscar papel y boli.
Perdonad si este texto acaba siendo una reflexión de cosas más o menos inconexas, pero tengo mucho sobre lo que pensar, y ya sabéis que me ayuda escribirlo. Intentaré separarlo por temas para que no sea "blabbering".
La resistencia al cambio
He estado pensando mucho últimamente sobre la resistencia al cambio. Las personas a veces nos creemos que somos como somos y que no podemos cambiar- que llegada una cierta edad se ha definido de manera tan concreta nuestra personalidad que da igual lo que hagamos. Siempre seremos los mismos, siempre cometeremos los mismos errores y son los demás los que se tienen que adaptar a cómo somos y aceptarnos tal cual.
"Si me quiere, me querrá tal y como soy". "Yo no puedo cambiar, porque soy como soy". "No se puede cambiar la esencia de una persona. Que se adapten los demás a mi".
Yo creo que son esas creencias las que hacen que desarrollemos una resistencia al cambio, y las que nos impiden cambiar y mejorar. Opinamos que esas creencias nos justifican, y podemos seguir adelante con nuestras vidas y echarle la culpa al de al lado diciéndole que no es tolerante, o que no te quiere lo suficiente, o que tú no vas a cambiar como eres por nadie. Nos escudamos en tonterías para no hacer el esfuerzo, para no mirarnos en el espejo y decir: esto que hago de esta manera no son creencias; simplemente tengo este defecto, lo hago mal, y tengo que mejorar. Tengo que cambiar esto de mí, y tengo que pensar en cómo hacerlo de manera eficiente.
El cambio es posible, y más que posible, necesario. Me sienta muy mal cada vez que oigo "es que yo soy así, y ya lo sabías cuando me compraste" o "es que soy así y no puedo hacer nada por cambiar" o similares.
Todos tenemos defectos, todos metemos la pata, todos nos equivocamos. Y hay que tener eso en cuenta, porque nadie es perfecto, y si lo fuera, crearía tal complejo de inferioridad a los demás que estaría solo/a. Pero si vemos que siempre nos estamos equivocando en lo mismo, ¿no deberíamos pararnos a pensar en el cambio?
¿Por qué no queremos cambiar? ¿Por qué no cambiamos? ¿Por qué nos hemos vuelto una sociedad conformista?
Creo que tengo derecho a hablar de esto porque yo era una persona conformista hasta que me caí del guindo. Sufrí de tal manera que me di cuenta de que, o cambiaba, o acabaría por quedarme sola.
Mis amigos, cuatro años después, dicen que fue increíble mi manera tan radical de cambiar, y en un tiempo récord. Simplemente me propuse hacerlo, y lo hice. Sabía que tenía que templar mi carácter. Sabía que tenía que ceder más veces, y vencer mi orgullo. Ahora cuando me doy cuenta (aunque a veces tardo, no digo que no, como todo el mundo) de que la otra persona tiene razón, siempre pido perdón. ¿De qué sirve el orgullo? Yo siempre digo que (y aquí va una grosería) para limpiarse el culo y para nada más. Tener razón no sirve de nada. Tener razón puede que nos cree una sensación de satisfacción durante cinco minutos, pero luego te das cuenta de que realmente, no sirve para nada. Los problemas no se arreglan porque "alguien tenga razón". El problema sigue ahí, subyacente, aunque el orgullo quede intacto.
A veces sabemos que hemos fallado, y una disculpa es suficiente para que todo vuelva a estar bien. ¿Por qué hay gente que no es capaz de admitir que se ha equivocado, que es humano y que ha cometido un error?
En fin, yo sabía que tenía que vencer mi orgullo. Y que tenía que dejar de saltar cada vez que alguien me atacaba, aprender a ignorar las provocaciones estúpidas. Y lo hice. Lo conseguí.
Ahora mi pareja me pide que cambie. Que tenga algo que nunca he tenido: paciencia. Sé que me lo dice porque las cosas van a ser mejor si consigo ser paciente. Que proceda de una manera distinta ante los problemas que puedan surgir entre nosotros, a la manera de proceder a la que estoy acostumbrada, para adaptarme a él.
Algunos os preguntaréis: ¿Por qué tienes que cambiar tú en lugar de él? Porque le quiero. Y él lo necesita. Y yo prometí hacerle feliz. Y porque no me da miedo el cambio.
Yo también le pido cosas para que pueda hacerme feliz. Una vez me dijo "es que yo soy así..." pero creo que lo dijo y luego se dio cuenta de que había dicho una tontería.
El cambio es necesario. Haceos amigos del cambio. Y buscad que, cuando seáis mayores, estéis arrugaditos y viendo como nieva fuera con una manta en las rodillas, podáis pensar: "ay, como era de joven... y como fui cambiando cuando me hice mayor. Estoy orgulloso de quien soy y de quien he sido."
¿Qué es la felicidad?
¿Qué es la felicidad? Algo que nos pasamos toda la vida buscando los seres humanos, algo que ansiamos y perseguimos hasta que caemos al suelo sin fuerzas. La felicidad es un fantasma que nos persigue en los malos momentos, recordándonos lo buenos que fueron tiempos anteriores, y es a la vez una promesa para el futuro. La felicidad es tramposa, llega en los momentos más inesperados y, cuando te ha seducido, se escapa entre las rendijas de tus dedos para que no pares de pensar en cuando estaba a tu lado. La felicidad es lo único que tenemos en común todos los seres humanos.
No puedo evitar comparar la felicidad con un grandioso y enorme pastel que todo el mundo quiere probar. Si unos comen demasiado, otros se quedan sin probarlo. ¿Es eso lo que nos sucede en los momentos de bajón? ¿Quién se come nuestro pastel? Eso en parte también me da pena porque, en ese caso, significa que nunca podremos ser infinitamente felices.
servido por ma_serendipity
5 comentarios
compártelo
22 Noviembre 2010
Hay una cosa más difícil que conocer a otra persona: conocerse a uno mismo. Y existe otra cosa aún más difícil: aprender a aceptarse. Hablo de una aceptación total y completa, tanto física como psicológica, con lo bueno y lo malo. Porque en muchas ocasiones vemos las cosas malas y no las buenas, porque lo malo es siempre mucho más fácil de creer.
Conocerse y aceptarse a uno mismo es algo fundamental para ser capaz de conocer y aceptar a los demás. Todos debemos ser conscientes de que nadie es perfecto y que si queremos que las relaciones interpersonales funcionen es necesario saber hasta dónde se puede aceptar al otro tal y como es, y hasta donde se puede cambiar para que esa relación funcione. No hablo única mente de relaciones de pareja, sino de cualquier tipo de relación interpersonal.
Yo digo siempre que tengo muchos defectos, pero que por lo menos sé cuales son y lucho por corregirlos. El otro día, de hecho, hice un análisis sobre mi misma y me redescubrí, rememoré lo que necesito cambiar o mejorar. Pero hice un análisis sobre lo malo, y estoy pensando en hacer también un análisis sobre lo bueno, para no ver solamente el lado oscuro de mi misma. Quiero decir, sí, tengo muchos defectos, pero también algunas virtudes.
Leí en alguna parte (Creo que en el último libro de Elsa Punset) que un día hicieron en un colegio un experimiento. Una profesora les pidió a sus jóvenes alumnos que pusieran su nombre en un papel. Esos papeles rotaron por toda la clase, donde cada alumno tenía que poner una cualidad positiva de la persona cuyo nombre estaba en el papel.
No se volvió a hablar del tema, pero años después uno de esos alumnos fue a la guerra de Vietnam. Cuando encontraron el cuerpo inherte, sacaron un papel de su uniforme... era el papel en el que sus compañeros habían escrito cosas buenas sobre él. En el funeral, al que acudió la profesora y varios alumnos, el padre le enseñó el papel a la profesora y le dio las gracias. Muchos de sus compañeros confesaron que también guardaban aquel papel y que lo conservaban con cariño, puesto que se sorprendieron al descubrir lo que pensaban los demás.
No decimos las cosas buenas lo suficiente. Nos conocemos, pero muchas veces conocemos lo malo. Yo tengo uno de esos papeles guardado, de cuando fui a un campamento de verano, pero ya se me ha olvidado lo que pusieron. Era una niña, supongo que ahora sería bien diferente.
Creo que es hora de recordar quién soy. Lo bueno también.
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo
25 Octubre 2010
Resulta que tengo un amigo que ha trabajado en un correccional de menores en la comunidad de Madrid, así que hice varias preguntas para saber de primera mano cómo entran los niños y si hay posibilidades de reinserción cuando salen del reformatorio. Por curiosidad, por saber en qué sociedad nos movemos, por saber si realmente sirve de algo el plan de reforma de los centros de reinserción de menores, por confirmar si se pasan el día delante de la videoconsola como dicen muchos.
Lo primero que le pregunté era, que si como profesor de educación física, veía de continuo a los niños. Me contestó que sí, que entrenaban con él varios deportes durante una hora al día, todos los días de diario.
Entonces le pregunté por qué tipo de delitos estaban los niños en el reformatorio. Se encogió de hombros y me dijo: "De todo. Desde asesinar a su abuela, a quemar una casa, a vandalismo callejero y hurto o violaciones a sus propias hermanas".
O sea, que ahí se concentra la crème de la crème del panorama infantil madrileño. Le pregunté qué hacían ahí durante todo el día, si era verdad que se pasaban el día jugando a la videoconsola. Me comentó que no, que no se pasaban el día jugando a la videoconsola, sino aprendiendo oficios y haciendo talleres. Intentan darles sentidos a sus vidas no a través del estudio, sino de que se coloquen lo más rápidamente posible en el ámbito laboral. Que si taller de carpintería, taller de alimentación, taller de no sé qué... "Ah," le dije, "¿y eso sirve de algo? ¿Aprenden un negocio y se integran normalmente en la sociedad?" Se rió y me contestó que no. Que los niños que van al reformatorio no se reforman. A lo mejor hay uno de cada mil que consigue salir de la espiral en la que se ha metido, pero la inmensa mayoría salen del reformatorio para meterse en la cárcel. Han crecido en un ambiente complicado. Los padres o están ausentes, o son drogadictos, o borrachos, o delincuentes, o los niños sufren maltrato. Es decir, pocos niños tienen el amparo familiar necesario para que no se "tuerzan" y vayan por el mal camino. Y teniendo en cuenta que si miramos las historias de los famosos delincuentes, asesinos en serie y demás, éstos provenían de casas y ambientes rotos... Manson, Ted Bundy, Albert Fisher, por mencionar algunos de los más famosos...
Eso abrió un debate entre mis amigos y yo. ¿Los niños nacen malos o se vuelven malos?
No llegamos a ningún tipo de conclusión. Unos decían que sí y otros defendían fervientemente que un niño no puede ser malo, que un bebé es lo más puro que hay. Entonces recordé una historia que había escuchado en la radio. Una madre llamaba a un programa de Onda Cero desesperada porque su hijo hacía cosas raras. Contaba que trataba a los animales con una crueldad que ponía los pelos de punta, que disfrutaba haciéndoles daño. La madre, consciente que en su hijo había algo que no era normal, le llevó a un psiquiatra tras otro. Con los años, y aunque la madre aseguraba que había intentado por todos los medios enderezar la vida de su hijo y restablecer sus hábitos... el niño se convirtió en un delincuente, malhechor y asesino. Ya desde pequeño daba muestras de maldad, y había nacido en el seno de una familia normal, que se preocupaba por él.
Una de las personas que estaban argumentando que los niños no nacen malos alegó que depende del ambiente, y que no se puede criar a todos los niños igual. Que los niños tienen que tener un ambiente adecuado al carácter de cada uno y que es muy difícil saber qué es lo que tienes que hacer para que no se "tuerzan". Dijo que su madre no tenía la verdad absoluta sobre su hijo.
Pero yo pensé: una madre que lleva a su hijo de psiquiatra en psiquiatra no parece demasiado desencaminada. Parece que está buscando un camino alternativo al que ella ha tomado, admitiendo que no es suficiente lo que ella puede hacer, y va en busca de ayuda profesional.
Es cierto, no tengo demasiada fe en la raza humana. Y creo que un niño puede ser malo por naturaleza. ¿Me podéis convencer de lo contrario? Me encantaría...
servido por ma_serendipity
sin comentarios
compártelo